Más vale tarde que nunca y, aunque a estas alturas ya carece de sentido un relato pormenorizado de tooooodas las anécdotas que acompañaron mi periplo chino en diciembre del año pasado, y mi despedida del país, os hago un resumen en forma de vídeo. Desde mi llegada a Shanghai hasta mi despedida del país en tres minutos y medio.

Cuando terminé de trabajar vino mi amiga Fani de visita. Juntas recorrimos Xi’An y Pekín y, después de que ella regresara a Madrid cargada de mis compras de cuatro meses (gracias a lo cual sólo tuve que mandar dos paquetes de cosas por correo postal), me dirigí al sur. En compañía de mí misma visité Guilin y Yangshuo, recorrí el río Li, pedaleé entre campos de arroz, di clases de inglés en una escuela china, comí pez borracho y toqué un buey de agua, mi signo del horóscopo chino :) 

Es muy difícil condensar las experiencias de cuatro meses en un último post, y más hacerlo después de un año, pero ha sido fantástico y me ha divertido mucho poder compartirlo con vosotros. 

Muchas gracias por seguirme, un beso muy fuerte y, ¡hasta el próximo destino!

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Guiris totales

De camara colgando y guia en mano visitando lo mas importante a toda velocidad. Asi hemos ido Fani y yo en una semana acelarada de viaje por media China… ha sido divertidisimo! Los mejores momentos (que tengo bien documentados graficamente) cuando en Xi’An caimos en el gurismo mas absoluto y nos hicimos unas fotos disfrazadas de guerreros de terracota o, esto ya de viajero independiente, cuando en el parque del Templo del cielo un abuelo de unos 80 años saco a Fani a bailar en un grupito que estaba ensayando una especie de rock sesentero chino.

Fani ya ha vuelto a Madrid, o mas bien esta de camino, y yo estoy en Guilin, preparada para bajar hasta Yangshuo y tirarme tres dias bucolicos pedaleando entre campos de arroz, navegando por rios sinuosos y paseando entre impresionantes picos karsticos. La gripe la deje aparcada en Shanghai :)

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Me aburro cantidad de estar encerrada en casa, así que os voy a freír a posts. Este sobre el arte y la elegancia de pasear en pijama (atuendo del que, como sabéis, soy fan) a cualquier hora y por cualquier barrio sin que a nadie se le mueva una ceja de la impresión. No importa la edad o posición social siempre que se acompañe con complementos elegantes a juego con la mencionada prenda. Como no es el caso, ya que todo el mundo sabe que las rayas y los estampados nunca deberían combinarse, pero esta señora no parece haber leído el último número del Vogue (yo sin embargo sí lo he hecho, y en chino, en un intento fallido de encontrar un vestido precioso que copiarme en el mercado de los sastres). Tampoco su pareja (compañero sentimental, acompañante masculino o como fuera que se le determianara en el pie de foto del Hola) parece estar al día en moda, pues, como en un intento de retar a la vista en la combinación de estampados, decide enfundarse en franela a rayas.

Ya mencioné una vez lo del pijama de gala pero, seriamente, siendo una prenda de tan extendido uso, debería haber algún tipo de código que nos ahorrase tales malabarismos estéticos O quizá es ahí donde reside la belleza del pijama, en la total libertad que otorga a su portador… Por no hablar de lo cómodo que es y que no hace falta llevar ropa interior ;)

Me aburro cantidad de estar encerrada en casa, así que os voy a freír a posts. Este sobre el arte y la elegancia de pasear en pijama (atuendo del que, como sabéis, soy fan) a cualquier hora y por cualquier barrio sin que a nadie se le mueva una ceja de la impresión. No importa la edad o posición social siempre que se acompañe con complementos elegantes a juego con la mencionada prenda. Como no es el caso, ya que todo el mundo sabe que las rayas y los estampados nunca deberían combinarse, pero esta señora no parece haber leído el último número del Vogue (yo sin embargo sí lo he hecho, y en chino, en un intento fallido de encontrar un vestido precioso que copiarme en el mercado de los sastres). Tampoco su pareja (compañero sentimental, acompañante masculino o como fuera que se le determianara en el pie de foto del Hola) parece estar al día en moda, pues, como en un intento de retar a la vista en la combinación de estampados, decide enfundarse en franela a rayas.

Ya mencioné una vez lo del pijama de gala pero, seriamente, siendo una prenda de tan extendido uso, debería haber algún tipo de código que nos ahorrase tales malabarismos estéticos O quizá es ahí donde reside la belleza del pijama, en la total libertad que otorga a su portador… Por no hablar de lo cómodo que es y que no hace falta llevar ropa interior ;)

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Este sí que va hasta arriba de vitaminas! (perdonad la mala calidad del comentario, estoy malita). Lleva narajas gigantes (sí, de las que tienen gajos) y caña de azúcar, que es la época y te la venden por todas partes para mordisquear y escupir. 

Aunque nada que ver con el tipo que vimos el otro día acarreando dos metros y medio (no es una licencia literaria que me tomo para haceros entender que era enorme, es una medida exacta) de cajas de poliexpan en un carro-bici. Qué pena no haber tenido la cámara encima…

Este sí que va hasta arriba de vitaminas! (perdonad la mala calidad del comentario, estoy malita). Lleva narajas gigantes (sí, de las que tienen gajos) y caña de azúcar, que es la época y te la venden por todas partes para mordisquear y escupir.

Aunque nada que ver con el tipo que vimos el otro día acarreando dos metros y medio (no es una licencia literaria que me tomo para haceros entender que era enorme, es una medida exacta) de cajas de poliexpan en un carro-bici. Qué pena no haber tenido la cámara encima…

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Tengo la gripe A. Que a nadie le dé un ataque de pánico, es como una gripe normal, aunque mis compañeros de piso no están tan convencidos… Ayer estuve en el hospital (uno para guris, muy pijo) y me han dado medicinas (de las de verdad, nada de pata de lagartija ni sangre de serpiente), así que ahora estoy reposando en casita. Esto me habría parecido muy bien hace una semana, pero no en mis últimos días en Shanghai, !con lo que me queda por comprar! Así que si luego no tenéis regalos, ya sabéis de quién es la culpa ;)

Me he pasado la mañana del sofá a la cama y de la cama al sofá, y ya no puedo más del aburrimiento. Tanto clínex, tanto té, tanta sopa… Lo que me ha recordado la sopa de fideos buenísima que hacen al lado de mi trabajo (y q debe ser el único sitio de Shanghai donde no envían las cosas a domicilio, porque aquí desde McDonalds hasta el Bullí - o su equivalente Shanghainés -  te mandan la comida a casa y me encantaría abrazarme a un plato de esa sopa ahora mismo). Así que les voy a dedicar este post enfermo, cofff, cofff.

Una tarde, antes de tener mi bici, estuve esperando al 76 cuarenta minutos de reloj. Sin nada que leer o escuchar me dediqué a observar todo lo que pasaba por la calle: una señora que lavaba ropa, dos que echaban una partida de cartas sentados en sus minitaburetes, la pescatera rebanando sin piedad las cabezas de los sapos que tenía en un cubo, y un constante ir y venir de clientes en un pequeño restaurante justo enfrente de la parada.

Y tan pequeño era que tenían la cocina en la calle. A la entrada del restaurante dos enormes ollas - una con agua para cocer los fideos y otra con caldo para hacer la sopa - resoplaban con fuerza y, al otro lado de la puerta, un alargado armario metálico guardaba toda la cacharrería (que en caso de los chinos se reduce a boles y palillos). 

Dentro, el nivel de cutrez era elevado. Empezando por el rollo de papel higiénico que colgaba a la entrada a modo de “servilletas autoservicio”, técnica que más restaurantes ponen en práctica, la verdad sea dicha. En Shanghai el departamento de sanidad evalúa la higiene de los locales con un simpático cartelito en chino y en inglés que tiene pegado una cara sonriente (si el local es limpio), una cara neutra (si no es tan limpio) o una cara triste (si el sitio es más bien guarrete). Este no tiene ni cartel…

A pesar de todo al día siguiente, por supuesto, me fui allí a cenar al salir del trabajo (a cenar a las 6 de la tarde, en fin…). Porque lo que vale la pena es ver cómo el cocinero hace los fideos en el momento, amasando, estirando, doblando y separando la masa de los fideos a toda velocidad que ríete tú de las máquinas de pasta italinas. Seguramente sale más barato tener un chino en casa guardado en un cajón para tales ocasiones.

Pasta fresca, sopita rica y no cogí ninguna infección de estómago. ¿Qué más se puede pedir por 80 céntimos de euro?

Tengo la gripe A. Que a nadie le dé un ataque de pánico, es como una gripe normal, aunque mis compañeros de piso no están tan convencidos… Ayer estuve en el hospital (uno para guris, muy pijo) y me han dado medicinas (de las de verdad, nada de pata de lagartija ni sangre de serpiente), así que ahora estoy reposando en casita. Esto me habría parecido muy bien hace una semana, pero no en mis últimos días en Shanghai, !con lo que me queda por comprar! Así que si luego no tenéis regalos, ya sabéis de quién es la culpa ;)

Me he pasado la mañana del sofá a la cama y de la cama al sofá, y ya no puedo más del aburrimiento. Tanto clínex, tanto té, tanta sopa… Lo que me ha recordado la sopa de fideos buenísima que hacen al lado de mi trabajo (y q debe ser el único sitio de Shanghai donde no envían las cosas a domicilio, porque aquí desde McDonalds hasta el Bullí - o su equivalente Shanghainés - te mandan la comida a casa y me encantaría abrazarme a un plato de esa sopa ahora mismo). Así que les voy a dedicar este post enfermo, cofff, cofff.

Una tarde, antes de tener mi bici, estuve esperando al 76 cuarenta minutos de reloj. Sin nada que leer o escuchar me dediqué a observar todo lo que pasaba por la calle: una señora que lavaba ropa, dos que echaban una partida de cartas sentados en sus minitaburetes, la pescatera rebanando sin piedad las cabezas de los sapos que tenía en un cubo, y un constante ir y venir de clientes en un pequeño restaurante justo enfrente de la parada.

Y tan pequeño era que tenían la cocina en la calle. A la entrada del restaurante dos enormes ollas - una con agua para cocer los fideos y otra con caldo para hacer la sopa - resoplaban con fuerza y, al otro lado de la puerta, un alargado armario metálico guardaba toda la cacharrería (que en caso de los chinos se reduce a boles y palillos).

Dentro, el nivel de cutrez era elevado. Empezando por el rollo de papel higiénico que colgaba a la entrada a modo de “servilletas autoservicio”, técnica que más restaurantes ponen en práctica, la verdad sea dicha. En Shanghai el departamento de sanidad evalúa la higiene de los locales con un simpático cartelito en chino y en inglés que tiene pegado una cara sonriente (si el local es limpio), una cara neutra (si no es tan limpio) o una cara triste (si el sitio es más bien guarrete). Este no tiene ni cartel…

A pesar de todo al día siguiente, por supuesto, me fui allí a cenar al salir del trabajo (a cenar a las 6 de la tarde, en fin…). Porque lo que vale la pena es ver cómo el cocinero hace los fideos en el momento, amasando, estirando, doblando y separando la masa de los fideos a toda velocidad que ríete tú de las máquinas de pasta italinas. Seguramente sale más barato tener un chino en casa guardado en un cajón para tales ocasiones.

Pasta fresca, sopita rica y no cogí ninguna infección de estómago. ¿Qué más se puede pedir por 80 céntimos de euro?

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Qué gran nariz

Hoy, en el descanso de la comida, nos hemos acercado Nick, Octavian y yo a una pequeña tienda de té que no está lejos de la oficina. Mientras Octavian se debatía entre la variedad infinita de hierbas con finalidades varias que vendían, se nos ha acercado una señora china redondeanda (tanto el cuerpo, por rechoncho, como la cara, de pan total) muy mayor y se nos ha quedado mirando con un gesto entre sorpresa y diversión.

A base de gestos y pequeñas carcajadas le ha venido a decir a Nick que tenía una nariz muy grande y un pelo muy extraño (es rizado, medio pelirrojo), a mí que tenía unos ojos enormes y a Octavian, bueno, le ha mirado con más desprecio porque es bajito y tiene el pelo negro, así que eso no debía ser novedad para ella. Era como Caperucita preguntándole al lobo para qué esas orejas tan grandes…

No he podido evitar pregntarme cuáles son las posibilidades de acabar en comisaría si, en nuestros respectivos países, nos dedicáramos a parar a los guiris por la calle y apuntar con sorna a sus orejas de soplillo o sus enormes pies.

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Disculpad mi prolongado silencio, pero he tenido una semana muy ajetreada de despedidas, cenas, curro, gimnasio y preparación de mi viaje y es que, se me termina esto :(

Para no aburriros con los detalles del exceso de consumismo al que me está llevando la compra de regalitos, abrigos a medida y chorradas varias, voy a dedicar este post a una de las cosas que más disfruto en el mundo: comer.

Y es que la gastronomía china está llena de sorpresas y variedades y, sólo durante esta semana pasada, hemos probado comida manchuriana, tibetana, fondue china (un caldo en el que vas cocinando tus cosas,algunos ya la habéis probado), cantonesa, shanghainesa… Y, más importante aún, he aprendido a cocinar algunos platos con los que os deleitaré a mi vuelta.

En la foto salgo comiendo un gusano de seda. La comida manchuriana (de las regiones del noreste de China) es muy rica, con mucha carne, muchos bollos y panecillos derivados del maíz, y algún que otro producto de dudosa “comibilidad” como los propios gusanos, la carne de burro o la medusa. Lo probamos todo. La carne de burro normal, la medusa sorprendentemente rica y los gusanos… en fin, ya puedo decir que he comido gusanos, pero no me gustaría desayunarlos cada mañana. Como te los sirven fritos con su capullo y todo son crujientitos por fuera y pastosos, como con grumos, por dentro. Un poco como la mantequilla de cacahuete, de la que tampoco soy fan.

Pero lo que se lleva la palma de nuestras ingestas extrañas es la cena del martes. Fuimos a un restaurante especializado en porquerías varias donde comimos serpiente, tortuga y un pez muy feo negro y babosón que no se cómo se llama en castellano. En el restaurante teníamos una habitación para nosotros (es muy común en China) y elegimos tomarlo todo en hotpot (la fondue famosa). La olla con el caldo ya venía con sus verduras, sus trozos de jamón y su hueso para darle saborcillo: la espina dorsal de una serpiente, toda enrolladita, mmmmh. 

A esta delicia añadimos más cuerpos flotantes: el pez cortado en pedazitos (al final no es nada especial, si no le miras a la cara - que también flotaba en la sopa - parece cualquier otro pez); la tortuga cortada a la mitad longitudinalmente, con su concha, su cabeza, sus patitas y su rabito; y la serpiente, ya despiezada en tiras, unas con piel y otras sin, para probarlo todo. Debo reconocer que la tortuga no me chifló, la carne no está mal, pero tiene muchos huesos pequeños y el cascarón, que también se puede comer después de reblandecerse en el caldillo, es más bien gelatinoso. Pero la serpiente estaba muy buena. La carne es sabrosa, tiene una textura elástica, pero agradable, y si se le añade la salsa de cacahuete que te daban para acompañar era una combinación riquísima.

Pero no sólo me he dedicado a comer asquerosidades esta semana. El lunes Ceci y Yago me invitaron a cenar al restaurante de la planta 91 del Financial Centre, la torre más alta de Shanghai. Un sitio pijo, muy buena comida (sobre todo el foie Wellington, y el queso, por fin!!!) y unas vistas alucinantes. Además, como no hace buen tiempo, cuando llegamos todo lo que se veía era una gran nube gris. Pero enseguida se abrió y pudimos mirar las puntas de los rascacielos que quedaban más abajo, las barcazas que flotaban por el río y, en muy pequeñito, los fantásticos edificios del Bund, iluminados. Cada poco rato pasaban a toda velocidad pequeñas nubecillas que acentuaban más la sensación de estar en lo más alto de la ciudad y cubrían de neblina las cimas de los edificios circundantes. !Una pasada!

Y, para terminar, ayer estuve en casa de Beina, la recepcionista de mi empresa, aprendiendo a cocinar platos chinos, más bien shanghaineses, pero ricos. Berenjenas, cangrejos, empanadillas, judías, pescado… No podía más. Y encima me encasquetaron las sobras en un montón de tupperwares que arrastré conmigo por toda la ciudad hasta el concierto de Au Revoir Simone (donde se quedaron monamente en el guardaropa) y luego de vuelta a casa. La experiencia fue fantástica, no sólo por preaparar los platos juntas, sino por la oportunidad de colarme en la vida y el hogar de una familia china de verdad. Ya os enseñaré las fotos a la vuelta, visto que aquí no tengo facilidades para colgarlas.

Intentaré actualizar un poco esta semana, aunque será aún más ajetreada porque es la última que trabajo y quiero aprovechar al máximo mis últimos días. Me quedan pendientes mil posts (Suzhou y Hangzhou con Bea, el puesto de fideos de al lado de mi curro, el alucinante mercado de los sastres…), pero no doy a basto, aunque prometo enseñaros muchas fotos y contaros muchas historietas en plan abuelil cuando vuelva. 

PD. Juan, espero que esto satisfaga tu imposición de que coma comida chunga. A lo del perro me niego, suficiente fue tener a las serpientes, conejos y tortugas metidas en sus jaulas a la entrada del restaurante como para elegir al cachorrito que te vas a comer en salsa agridulce. Pero es que las serpientes no me enternecen ;)

PD2. si tenéis interés en ver qué más porquerías se pueden comer por Asia mirad este blog http://www.weirdmeat.com/

Disculpad mi prolongado silencio, pero he tenido una semana muy ajetreada de despedidas, cenas, curro, gimnasio y preparación de mi viaje y es que, se me termina esto :(

Para no aburriros con los detalles del exceso de consumismo al que me está llevando la compra de regalitos, abrigos a medida y chorradas varias, voy a dedicar este post a una de las cosas que más disfruto en el mundo: comer.

Y es que la gastronomía china está llena de sorpresas y variedades y, sólo durante esta semana pasada, hemos probado comida manchuriana, tibetana, fondue china (un caldo en el que vas cocinando tus cosas,algunos ya la habéis probado), cantonesa, shanghainesa… Y, más importante aún, he aprendido a cocinar algunos platos con los que os deleitaré a mi vuelta.

En la foto salgo comiendo un gusano de seda. La comida manchuriana (de las regiones del noreste de China) es muy rica, con mucha carne, muchos bollos y panecillos derivados del maíz, y algún que otro producto de dudosa “comibilidad” como los propios gusanos, la carne de burro o la medusa. Lo probamos todo. La carne de burro normal, la medusa sorprendentemente rica y los gusanos… en fin, ya puedo decir que he comido gusanos, pero no me gustaría desayunarlos cada mañana. Como te los sirven fritos con su capullo y todo son crujientitos por fuera y pastosos, como con grumos, por dentro. Un poco como la mantequilla de cacahuete, de la que tampoco soy fan.

Pero lo que se lleva la palma de nuestras ingestas extrañas es la cena del martes. Fuimos a un restaurante especializado en porquerías varias donde comimos serpiente, tortuga y un pez muy feo negro y babosón que no se cómo se llama en castellano. En el restaurante teníamos una habitación para nosotros (es muy común en China) y elegimos tomarlo todo en hotpot (la fondue famosa). La olla con el caldo ya venía con sus verduras, sus trozos de jamón y su hueso para darle saborcillo: la espina dorsal de una serpiente, toda enrolladita, mmmmh.

A esta delicia añadimos más cuerpos flotantes: el pez cortado en pedazitos (al final no es nada especial, si no le miras a la cara - que también flotaba en la sopa - parece cualquier otro pez); la tortuga cortada a la mitad longitudinalmente, con su concha, su cabeza, sus patitas y su rabito; y la serpiente, ya despiezada en tiras, unas con piel y otras sin, para probarlo todo. Debo reconocer que la tortuga no me chifló, la carne no está mal, pero tiene muchos huesos pequeños y el cascarón, que también se puede comer después de reblandecerse en el caldillo, es más bien gelatinoso. Pero la serpiente estaba muy buena. La carne es sabrosa, tiene una textura elástica, pero agradable, y si se le añade la salsa de cacahuete que te daban para acompañar era una combinación riquísima.

Pero no sólo me he dedicado a comer asquerosidades esta semana. El lunes Ceci y Yago me invitaron a cenar al restaurante de la planta 91 del Financial Centre, la torre más alta de Shanghai. Un sitio pijo, muy buena comida (sobre todo el foie Wellington, y el queso, por fin!!!) y unas vistas alucinantes. Además, como no hace buen tiempo, cuando llegamos todo lo que se veía era una gran nube gris. Pero enseguida se abrió y pudimos mirar las puntas de los rascacielos que quedaban más abajo, las barcazas que flotaban por el río y, en muy pequeñito, los fantásticos edificios del Bund, iluminados. Cada poco rato pasaban a toda velocidad pequeñas nubecillas que acentuaban más la sensación de estar en lo más alto de la ciudad y cubrían de neblina las cimas de los edificios circundantes. !Una pasada!

Y, para terminar, ayer estuve en casa de Beina, la recepcionista de mi empresa, aprendiendo a cocinar platos chinos, más bien shanghaineses, pero ricos. Berenjenas, cangrejos, empanadillas, judías, pescado… No podía más. Y encima me encasquetaron las sobras en un montón de tupperwares que arrastré conmigo por toda la ciudad hasta el concierto de Au Revoir Simone (donde se quedaron monamente en el guardaropa) y luego de vuelta a casa. La experiencia fue fantástica, no sólo por preaparar los platos juntas, sino por la oportunidad de colarme en la vida y el hogar de una familia china de verdad. Ya os enseñaré las fotos a la vuelta, visto que aquí no tengo facilidades para colgarlas.

Intentaré actualizar un poco esta semana, aunque será aún más ajetreada porque es la última que trabajo y quiero aprovechar al máximo mis últimos días. Me quedan pendientes mil posts (Suzhou y Hangzhou con Bea, el puesto de fideos de al lado de mi curro, el alucinante mercado de los sastres…), pero no doy a basto, aunque prometo enseñaros muchas fotos y contaros muchas historietas en plan abuelil cuando vuelva.

PD. Juan, espero que esto satisfaga tu imposición de que coma comida chunga. A lo del perro me niego, suficiente fue tener a las serpientes, conejos y tortugas metidas en sus jaulas a la entrada del restaurante como para elegir al cachorrito que te vas a comer en salsa agridulce. Pero es que las serpientes no me enternecen ;)

PD2. si tenéis interés en ver qué más porquerías se pueden comer por Asia mirad este blog http://www.weirdmeat.com/

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Triunfo

Esta semana comenzó tranquila… hasta que mi jefe consideró una de mis propuestas para rediseñar la fachada de un proyecto que ya estaba cerrado merecedor de desarrollo en profundidad. Pero este no es el triunfo.

Para llevar a cabo tal misión me fue asignado un pequeño equipo (me parto, yo dando órdenes, huhuhu…) compuesto por el resto de becarios y James. James, cuyo nombre real en chino desconocemos, es un simpático diseñador de interiores que apenas habla inglés, pero sonríe mucho y siempre dice a todo que sí aunque no haya entendido ni una palabra de lo que se le ha dicho. Así que la situación se resume en un chino y una guiri con imposibilidad de comunicación verbal, referencias arquitectónicas totalmente distintas y una misión en común: diseñar los detalles de la fachada en ladrillo y hacer un modelo en 3D.

Sorprendentemente el resultado ha sido más que satisfactorio y, entre gestos, sonrisas, bocetos y un diccionario electrónico inglés-chino/chino-inglés, que tiene palabras inglesas que ni siquiera existen, logramos discutir el proyecto, sacar los detalles y hacer un fantástico rénder del modelo con su cielo rosado y sus reflejos brillantes absolutamente digno del nivel gráfico cantoso-futurista que se maneja en mi estudio.

Mi siguiente triunfo fue el lograr no tener que venir el fin de semana porque ya me querían allí otra vez para hacer más hortera todavía el montaje añadiendo unas palomas que vuelan en el horizonte por aquí y bambús decorativos por allá.

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!!!SOY FAMOSA!!!

Lo empecé a sospechar cuando la gente se quería sacar fotos conmigo por la calle, y cada vez que gente que no conozco me saluda y me sonríe (“hello, hello” dicen los chinos a los extranjeros que se cruzan por la calle, y sonríen satisfechos de su nivel de inglés cuando el guiri les contesta). Pero lo que no sabía es que soy un ídolo con carisma suficiente como para que en un restaurante tengan colgada una foto mía :O

Me explico. Anne y Augustin han estado este fin de semana en la Montaña Amarilla, que muchos recordaréis por el fatigoso post que escribí; fue mi primer viaje nada más llegar a China. Pues bien, después de descender fueron a visitar Hong Cun, se alojaron en el mismo albergue que nosotros y… tarán!!! Tenían esta foto colgada en el restaurante. Sí, es muy pretencioso decir que es una foto mía porque sólo se me ve de espaldas. Y además es una foto entre las decenas que tienen colgadas de los visitantes que han pasado por el hotel. Pero me siento como una Marta Sánchez cualquiera colgada de la pared de los famosos que han comido en el Tony Roma’s (para algunos conocido como el Ricky Martin’s). 

En fin, me parto de risa de que mi espalda descubierta y mis morcillosos muslos estén pinchados en una pared en un pueblo canijo en medio de China. Estoy deseando volver para escribir la dedicatoria.

!!!SOY FAMOSA!!!

Lo empecé a sospechar cuando la gente se quería sacar fotos conmigo por la calle, y cada vez que gente que no conozco me saluda y me sonríe (“hello, hello” dicen los chinos a los extranjeros que se cruzan por la calle, y sonríen satisfechos de su nivel de inglés cuando el guiri les contesta). Pero lo que no sabía es que soy un ídolo con carisma suficiente como para que en un restaurante tengan colgada una foto mía :O

Me explico. Anne y Augustin han estado este fin de semana en la Montaña Amarilla, que muchos recordaréis por el fatigoso post que escribí; fue mi primer viaje nada más llegar a China. Pues bien, después de descender fueron a visitar Hong Cun, se alojaron en el mismo albergue que nosotros y… tarán!!! Tenían esta foto colgada en el restaurante. Sí, es muy pretencioso decir que es una foto mía porque sólo se me ve de espaldas. Y además es una foto entre las decenas que tienen colgadas de los visitantes que han pasado por el hotel. Pero me siento como una Marta Sánchez cualquiera colgada de la pared de los famosos que han comido en el Tony Roma’s (para algunos conocido como el Ricky Martin’s).

En fin, me parto de risa de que mi espalda descubierta y mis morcillosos muslos estén pinchados en una pared en un pueblo canijo en medio de China. Estoy deseando volver para escribir la dedicatoria.

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En China venden de todo pinchado en un palo (no Pons, caca no venden): carne, verduras a la parrilla, rodajas de melón y sandía… Y también es muy típico encontrar frutas caramelizadas. Las de la foto son una especie de minimanzanitas muy muy ácidas que, con el dulzor del caramelo, crean una sensación muy rica en la boca. Pero venden también piña, uvas y otras frutas que no reconozco. 

En general los dulces aquí son muy distintos a los nuestros. También hay pastelerías occidentales, pero nunca superarán en número y clientela a las tiendas de mooncakes, pasteles de arroz, gelatinas de sabores o dulces de judías. 

Y os estoy hablando sólo de las cosas ricas, porque los chinos mezclan dulce con salado indiscriminadamente, así que para un snack les da lo mismo un helado de judías verdes que un alita de pato caramelizada, que carne seca endulzada o tiras de pescado secas envasadas al vacío. Igualito que en una tienda de chuches…

En China venden de todo pinchado en un palo (no Pons, caca no venden): carne, verduras a la parrilla, rodajas de melón y sandía… Y también es muy típico encontrar frutas caramelizadas. Las de la foto son una especie de minimanzanitas muy muy ácidas que, con el dulzor del caramelo, crean una sensación muy rica en la boca. Pero venden también piña, uvas y otras frutas que no reconozco.

En general los dulces aquí son muy distintos a los nuestros. También hay pastelerías occidentales, pero nunca superarán en número y clientela a las tiendas de mooncakes, pasteles de arroz, gelatinas de sabores o dulces de judías.

Y os estoy hablando sólo de las cosas ricas, porque los chinos mezclan dulce con salado indiscriminadamente, así que para un snack les da lo mismo un helado de judías verdes que un alita de pato caramelizada, que carne seca endulzada o tiras de pescado secas envasadas al vacío. Igualito que en una tienda de chuches…

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